Se denomina reflejo a la respuesta involuntaria frente a un estímulo y todo el proceso fisiológico que lo activa.

Los reflejos primitivos son movimientos automáticos, estereotipados, dirigidos desde el tronco del encéfalo y ejecutados sin implicación cortical;  se van desarrollando en las diferentes etapas del embarazo, están presentes en el nacimiento y están diseñados para controlar la actividad motora del feto y garantizar la supervivencia del niño en sus primeros meses de vida.

Los reflejos primitivos a los 6 meses o como muy tarde a los 12 meses de edad son inhibidos por los ganglios basales e integrados en movimientos globales del bebé, convirtiéndose en reflejos posturales controlados por centros superiores del cerebro. Si la actividad de los reflejos primitivos continúa pueden impedir el desarrollo de los reflejos posturales posteriores;  produciéndose lo que se denomina “retraso del desarrollo neural”.

Un programa de estimulación/inhibición de reflejos consiste en una serie de ejercicios basados en los patrones de movimientos fetales y de los niños. Se trata de dar al cerebro  una segunda oportunidad para experimentar los movimientos que deberían haber ocurrido en los primeros meses del desarrollo.

El objetivo es inhibir los reflejos aberrantes primitivos e integrarlos en los reflejos posturales. Es un programa diseñado específicamente para las necesidades de cada individuo.

El programa de estimulación/inhibición de reflejos empieza en la médula espinal y el tronco del encéfalo y trabaja hacia (arriba) el córtex, para acceder a un control cortical mejorado aportando vías más eficientes.


Indicado para:

- Problemas de relación e integración social

- Inestabilidad emocional

- Dificultades neuromotoras

- Disfunción del sistema vestibular

- Problemas de lateralidad

- Trastornos de la atención

- Problemas de aprendizaje y comportamiento

- Falta de memoria y concentración

- Comportamiento difícil o inconsistente

- Tendencias agresivas

- Agorafobia

- Dislexia

- Hiperactividad

- Dispraxias…

En primer lugar tenemos un contacto con el niño y entrevistamos a los padres. En la mayoría de los casos hacemos una evaluación de los reflejos primitivos, siguiendo lo aprendido de la Terapia del Movimiento Rítmico de Harald Blomberg.


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